Gemma del Caño, farmacéutica, avisa del peligro tras la dana Adam: "limpiar mal el barro pone en riesgo nuestra salud"
Cuando baja el agua, comienza una tarea agotadora: retirar el barro y recuperar las casas. Pero limpiar después de una inundación también entraña riesgos para la salud que conviene conocer antes de ponerse manos a la obra.

Y es que el peligro no termina cuando se retira el agua. Hay una imagen que se repite después de cada inundación: vecinos con botas, cubos, escobas y mangueras intentando devolver sus casas a la normalidad. Después del miedo, de las pérdidas y de la incertidumbre, limpiar es una forma de recuperar el control. Si hay que sacar barro, se saca. Si hay que frotar, se frota. Y cuanto antes, mejor.
Pero no podemos olvidarlo: el agua de una inundación no es agua de lluvia. En su recorrido puede arrastrar aguas residuales, microorganismos, residuos animales, combustibles y productos químicos. También puede ocultar objetos cortantes, socavar el terreno y dejar instalaciones eléctricas dañadas. El barro que queda en el suelo es la parte visible de un problema bastante más complejo.
Eso no significa que cada charco sea una amenaza ni que debamos vivir con miedo. Significa que limpiar una vivienda inundada requiere precauciones específicas. Y que algunas enfermedades o accidentes pueden producirse precisamente cuando creemos que lo peor ya ha pasado.
Leptospirosis: una infección que puede llegar a través del barro
Uno de los riesgos menos conocidos después de una inundación es la leptospirosis, una enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Leptospira. Algunos animales, especialmente los roedores, pueden eliminar estas bacterias a través de la orina. Si contaminan el agua o el suelo húmedo, las personas pueden infectarse al entrar en contacto con ellos.

La bacteria puede penetrar a través de heridas o pequeñas lesiones de la piel y de las mucosas. Por eso, el contacto directo con agua estancada y barro contaminado debe evitarse, especialmente si tenemos cortes o rozaduras.
Los síntomas pueden incluir fiebre, dolor de cabeza y dolores musculares. En algunos casos, la infección provoca complicaciones graves, aunque no todas las personas expuestas enferman ni todas las inundaciones implican el mismo riesgo.
¿Qué podemos hacer? Cubrir las heridas con apósitos impermeables, utilizar guantes y botas impermeables, mejor de nitrilo y que ajusten y evitar el contacto innecesario con el agua y el lodo. Si aparecen síntomas después de participar en tareas de limpieza, conviene consultar con un profesional sanitario y explicar la exposición.
No se trata de convertir cada limpieza en una película de terror, sino de recordar que una herida pequeña puede ser una puerta de entrada para microorganismos que no vemos.
Moho en casa: por qué secar es tan importante como limpiar
Hay otro problema que puede aparecer cuando el barro ya ha desaparecido: el moho después de una inundación. La humedad persistente favorece el crecimiento de hongos en paredes, muebles, colchones, textiles y otros materiales. La exposición al moho puede provocar irritación y empeorar los síntomas de personas con asma o alergias. Las personas con enfermedades respiratorias o inmunidad debilitada pueden ser especialmente vulnerables.
Por eso, no basta con retirar el agua y dejar el suelo aparentemente limpio. Hay que secar la vivienda y los objetos afectados lo antes posible, siempre que sea seguro hacerlo.

Ventilar cuando las condiciones lo permitan, retirar el agua acumulada y utilizar ventiladores o deshumidificadores en condiciones seguras puede ayudar. Los materiales porosos que no puedan limpiarse y secarse completamente, como algunos colchones, alfombras o placas de yeso, pueden tener que desecharse.
Y una recomendación importante: los niños, las personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o tienen las defensas debilitadas no deberían participar en las tareas de limpieza. No hace falta demostrar valentía respirando polvo y humedad.
Guantes, mascarilla y lejía: los errores que conviene evitar
Vamos con lo que sí y, sobre todo, lo que no hay que hacer- Antes de empezar, hay que comprobar que la vivienda es segura. Si existen daños estructurales, sospecha de fuga de gas o instalaciones eléctricas afectadas, no se debe entrar ni manipular equipos hasta que las autoridades o los profesionales correspondientes lo autoricen.
Para retirar barro y residuos, conviene utilizar botas impermeables, guantes, ropa de manga larga y protección ocular. Si existe riesgo de inhalar polvo o esporas de moho, puede ser necesaria protección respiratoria adecuada, como una mascarilla filtrante bien ajustada. La protección debe adaptarse al trabajo: una mascarilla cualquiera no sirve para todos los riesgos.

En las superficies duras, primero se elimina la suciedad con agua segura y detergente. Después se desinfecta cuando corresponda, siguiendo las instrucciones del producto.
La lejía puede resultar útil en determinadas superficies, pero nunca debe mezclarse con amoniaco, ácidos ni otros productos de limpieza. Estas combinaciones pueden liberar gases tóxicos. También hay que respetar la dilución indicada en la etiqueta y ventilar adecuadamente.
Otro peligro que merece especial atención es el monóxido de carbono. Los generadores, las bombas y las máquinas que funcionan con motores de combustión deben utilizarse al aire libre, lejos de puertas, ventanas y tomas de ventilación. Nunca deben ponerse en marcha dentro de una vivienda, un garaje o un sótano, ni siquiera con las ventanas abiertas. Este gas es invisible, inodoro y puede causar intoxicaciones mortales.
Cuándo pedir ayuda y cuándo dejar de limpiar
La prisa por recuperar la normalidad es comprensible, pero hay situaciones en las que la limpieza debe dejarse en manos de profesionales. Es el caso de las estructuras inestables, las instalaciones eléctricas dañadas, los vertidos químicos, las grandes superficies contaminadas o los problemas importantes de moho. También hay que gestionar correctamente los residuos y seguir las indicaciones municipales.
Y no debemos olvidarnos de los alimentos y el agua potable: los productos que hayan entrado en contacto con agua de inundación pueden no ser seguros, aunque parezcan limpios. Si las autoridades advierten de problemas en el abastecimiento, hay que seguir sus instrucciones.
Después de una inundación, la recuperación no consiste únicamente en devolver las cosas a su sitio. También implica evitar que la emergencia deje nuevas consecuencias para la salud.
En Els Poblets, continuamos apoyando a las personas afectadas en las tareas de limpieza y recuperación de viviendas y negocios. Porque volver a abrir una persiana, recuperar un hogar o acondicionar un espacio compartido son pasos que ayudan a recuperar también la normalidad https://t.co/VAOAZnpWDX
— Cruz Roja en Alicante (@CruzRojaAL) October 21, 2026
Porque hay muchas cosas que reconstruir después de una riada: una casa, una calle, una rutina y, a veces, una vida entera. Lo último que necesitamos es que, intentando recuperar la normalidad, nos llevemos también un problema de salud a casa.