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Durante el confinamiento se redujo un 32 % la cantidad de rayos

En EEUU el recuento de rayos de este año ha sido una sorpresa. Entre mayo y junio hubo una asombrosa disminución del 32% en ocurrencia de estos fenómenos. Algunas teorías sugieren que la pandemia puede haber influido en este hecho.

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Los registros de rayos estuvieron cerca del promedio de enero hasta abril, luego disminuyeron significativamente en mayo, junio y julio.

Entre los meses de mayo y junio de 2020, la Red Nacional de Detección de Rayos (NLDN) de Vaisala registró una disminución significativa en la cantidad de rayos detectados en EEUU, en comparación con el promedio de 5 años anteriores. Este año, la NLDN encontró 'solo' 51.963.294 eventos de rayos, de nube a nube o de nube a tierra.

Aunque 51 millones puede parecer una cantidad enorme, representa un 32 % menos que el promedio de la temporada, que ronda los 76 millones de rayos. Esa diferencia es mucho mayor que la variabilidad interanual esperada, del orden del 5 % al 10 %.

La NLDN, que está entre los sistemas de información sobre rayos más fiables y científicamente precisos, monitorea la actividad total de rayos en los Estados Unidos las 24 horas del día y los 365 días del año. En su informe del año pasado detectó alrededor de 223 millones de relámpagos totales en los Estados Unidos continentales, y más de 147 millones de ellos ocurrieron solamente a finales de julio.

Los registros de rayos estuvieron cerca del promedio de enero hasta abril y luego disminuyeron significativamente en mayo, junio y julio. Estos últimos meses fueron relativamente apacibles desde la perspectiva de las tormentas. Tal es así que junio del 2019 tuvo solo tres días en los que la red detectó menos de 1 millón de eventos de rayos, mientras que en junio de 2020 hubo 15 días en total en los que no se alcanzó el millón.

¿Qué está pasando?

Las causas de esta disminución todavía no se comprenden bien, pero los meteorólogos entienden que es muy posible que esté relacionado con las altas presiones que predominaron en gran parte de EEUU. "Vimos que había un área anormalmente fuerte de alta presión sobre la región principal donde se podía tener un clima severo", dijo Vagasky, meteorólogo de la red. Esto evita que el aire se eleve, se enfríe y condense en nubes, ingredientes necesarios para una tormenta.

Los investigadores también han analizado otra teoría relacionada con el contexto actual del mundo. La pandemia de COVID-19 podría haber desencadenado una caída en la cantidad de rayos, ya que con la actividad económica parada hay menos contaminación del aire y, por tanto, es probable que haya menos aerosoles. Esta hipótesis se basa en otros estudios realizados sobre los océanos, allí encontraron que la presencia de aerosoles se relaciona con una mayor actividad de los rayos.

Sin embargo, la falta de tormentas eléctricas tuvo otro efecto positivo. Los informes de granizo emitidos por el Centro de Predicción de Tormentas de la NOAA fueron tan pocos que se encuentran cerca de mínimos históricos.