Denuncian el uso de cañones 'antigranizo' en la Región de Murcia: "perjudican a los vecinos y a la fauna"

El uso de cañones "antigranizo" denunciado por AMETSE reaviva el debate ante el episodio de estos últimos en la Región de Murcia: un sistema ineficaz que genera impactos negativos en las personas y la fauna según varios estudios.

El pasado domingo, vecinos de localidades como Calasparra y Cieza, en la Región de Murcia, alertaron de fuertes explosiones coincidiendo con la presencia de tormentas en la zona. Los estallidos, repetidos y claramente audibles a varios kilómetros, generaron inquietud entre la población, además de numerosas reacciones en redes sociales.

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La asociación meteorológica del sureste (AMETSE) denuncia el uso de cañones antigranizo en la Región de Murcia, un artefacto que perjudica a las personas y a la fauna debido a los fuertes sonidos que genera.

Detrás de estos ruidos se encuentran los conocidos como cañones “antigranizo”, dispositivos utilizados en áreas agrícolas cuya función y eficacia llevan décadas siendo cuestionadas. Aunque su objetivo es proteger los cultivos, cada vez más voces advierten de que no solo no cumplen su propósito, sino que podrían estar generando problemas mucho mayores de los que pretenden evitar.

El polémico sistema que promete frenar el granizo grande y proteger los cultivos

Los cañones antigranizo son dispositivos empleados en zonas agrícolas con el objetivo de proteger los cultivos frente a tormentas adversas. Su funcionamiento se basa en la generación de ondas de choque mediante explosiones controladas de gas, normalmente acetileno, que se disparan hacia la atmósfera a intervalos regulares.

El granizo es uno de los fenómenos meteorológicos más dañinos para la agricultura, ya que impacta directamente sobre los cultivos con fuerza. Puede provocar golpes en frutos, rotura de hojas y tallos, e incluso la pérdida total de la cosecha en cuestión de minutos.
El granizo es uno de los fenómenos meteorológicos más dañinos para la agricultura, ya que impacta directamente sobre los cultivos con fuerza. Puede provocar golpes en frutos, rotura de hojas y tallos, e incluso la pérdida total de la cosecha en cuestión de minutos.

La teoría que respalda su uso sostiene que estas ondas interferirían en el crecimiento del pedrisco de gran tamaño dentro de las nubes, evitando que alcancen un tamaño suficiente como para causar daños al caer. Por ello, su uso se ha extendido en áreas con cultivos especialmente sensibles, como frutales.

Sin embargo, este planteamiento se basa más en hipótesis que en resultados comprobados. A pesar de su implantación en distintas regiones, no existe consenso científico que valide su funcionamiento real, y de hecho allí donde se han instalado se han seguido produciendo granizadas catastróficas.

Es como matar moscas a cañonazos

Diversos estudios publicados en revistas científicas y expertos en meteorología coinciden en que los cañones antigranizo no son capaces de modificar procesos atmosféricos tan complejos como la formación del granizo. Prácticamente es como matar moscas a cañonazos, nunca mejor dicho.

Las tormentas dependen de las condiciones atmosféricas y del relieve, que son los elementos que condicionan su ciclo de vida. Una célula tormentosa puede intensificarse o disiparse en minutos dependiendo de esto.

Las tormentas contienen enormes cantidades de energía, muy superiores a las generadas por estos dispositivos, de forma que hace inviable que puedan alterar su dinámica. Poniendo como ejemplo el caso denunciado en Cieza, al día siguiente (por ayer) se produjo una granizada que provocó daños en diversos cultivos.

Los impactos entre los vecinos y la fauna

Además, su uso conlleva impactos significativos. El ruido constante de las explosiones genera molestias en la población cercana, afectando al descanso y provocando situaciones de estrés, especialmente durante episodios prolongados de tormenta.

En cuanto a la fauna, el impacto es aún más preocupante, especialmente sobre la avifauna. Las explosiones generan alteraciones en el comportamiento de aves silvestres, provocando huidas bruscas, abandono de nidos y episodios de desorientación, según varios estudios científicos.

La avifauna es especialmente sensible a este tipo de perturbaciones acústicas. Ante ruidos intensos y repetitivos, como los generados por estos dispositivos, muchas aves reaccionan con huidas bruscas y desorganizadas, abandonando zonas de alimentación o refugio.
La avifauna es especialmente sensible a este tipo de perturbaciones acústicas. Ante ruidos intensos y repetitivos, como los generados por estos dispositivos, muchas aves reaccionan con huidas bruscas y desorganizadas, abandonando zonas de alimentación o refugio.

Este estrés acústico puede interferir en procesos clave como la reproducción, la incubación o la alimentación. Además, otras especies animales, tanto salvajes como domésticas, también pueden verse afectadas, modificando sus hábitos y desplazándose fuera de sus áreas habituales ante la repetición constante de estas explosiones.

En conjunto, cada vez son más las voces, tanto desde el ámbito científico como desde colectivos vecinales y ecologistas, ante la carencia de eficacia demostrada, que además generan impactos negativos evidentes. Esta percepción ha reavivado el debate sobre su uso, poniendo sobre la mesa la necesidad de una regulación más clara e incluso posibles restricciones o prohibiciones en determinadas zonas.

Todo ello, en un contexto en el que se reclama que cualquier medida frente a fenómenos meteorológicos adversos esté respaldada por evidencia científica y sea compatible con la protección del entorno y el bienestar de la población.

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