Acidificación sin precedentes en el Ártico


La acidificación del Océano Ártico está ocurriendo con mayor celeridad de lo pronosticado, según los resultados de un nuevo estudio. Esta inesperada rapidez parece deberse al aumento de la tasa de fusión de hielo marino ártico, un proceso que puede tener importantes consecuencias para la salud de los ecosistemas típicos de esta región.

 

 
Imagen del sol sobre el Océano Glacial Ártico tomada en agosto de 2012 desde el puente de la proa del buque USCG Cutter Healy, un rompehielos de la Guardia Costera de los EEUU. Foto de Jonathan Wynn. Créditos: Universidad del Sur de Florida.

La acidificación oceánica es el proceso mediante el cual disminuyen los niveles de pH del agua de los mares debido a las mayores cantidades de dióxido de carbono atmosférico que son absorbidas por ellos. Actualmente, los océanos absorben cerca de una cuarta parte de la masa de gases de efecto invernadero. Cuanto más bajo es el nivel de pH, más ácida es el agua. Los estudios de laboratorio han mostrado que a mayor acidez del agua, menor es el nivel de calcificación en muchos organismos que necesitan crearse una concha caparazón o exoesqueleto, mermando ello su capacidad de construirse uno, y sus probabilidades de sobrevivir.

Estos cambios, en especies que van desde corales hasta camarones, tienen el potencial de causar estragos en casi toda la cadena alimentaria.

El equipo de la oceanógrafa Lisa Robbins, del USGS (el Servicio de Prospección Geológica de los EEUU), y el geólogo Jonathan Wynn, de la Universidad del Sur de Florida, ha comprobado que la disminución de la masa de hielo marino durante el verano ártico tiene un impacto considerable para la capa más superficial del Océano Ártico. A medida que dicha cubierta de hielo mengua hasta niveles récord, como sucedió a finales del verano de 2012, el agua de mar bajo ella queda expuesta al dióxido de carbono, que es el principal motor del proceso de la acidificación oceánica.

Además, el agua dulce resultante de la fusión del hielo se diluye en el agua de mar, bajando los niveles del pH y reduciendo las concentraciones de calcio y carbonatos, que son los ingredientes principales de un mineral llamado aragonita. La aragonita y otros minerales de su clase son los que le dan dureza a los esqueletos y conchas de muchos organismos marinos. Además, este descenso de las concentraciones de calcio y carbonato dificulta indirectamente el crecimiento de muchas otras especies que se alimentan de esos organismos con concha o estructuras similares.

La nueva investigación muestra que la acidificación en las aguas superficiales del Océano Ártico se está expandiendo rápidamente hacia zonas que antes estaban aisladas del contacto con la atmósfera debido a la cubierta de hielo que pocos años antes estaba sobre ellas.

FUENTE: NCyT (Noticias de Ciencia y Tecnología)

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