La Meteorología y ….. Y las lenguas muertas

RAM

Muchas de las palabras que empleamos en la vida moderna, a nivel popular y técnico, derivan o tienen sus raíces en el latín o el griego. El mismo término de meteorología se deriva del griego: metéoros, que significa elevado, en el aire, y lógos, tratado: ciencia o tratado de la atmósfera y los meteoros. Muchas de las palabras, derivadas de estas lenguas, se han transformado y han pasado a ser de uso común. Por el contrario, hay algunas que mantienen estrictamente “la forma” originaria, en mayor o menor medida, por ejemplo, el nombre de las nubes. Pero, ¿quién nombró a las nubes?


Luke Howard, F.R.S. (1772-1864 )
Pintura de Juan Opie

Aunque las nubes habían estado presentes en la humanidad y han sido observadas por diferentes científicos a lo largo de los siglos, no fue hasta principios del siglo XIX cuando se dieron los primeros pasos para “nombrarlas”. En 1803 el científico inglés Luke Howard (1772-1864) presentó una clasificación basada en sus formas más habituales. Su publicación apareció en “Tilloch’s Philosophical Magazine” con el nombre de “On the modofications of clouds”, cuya portada podemos verla en la siguiente figura.

Él estudió latín en la escuela donde comenzó sus dotes de observación de la naturaleza. El latín se seguía usando como lengua erudita y científica en aquella época, de ahí que los nombres que les dio Howard fueron latinos. Howard no se consideró el mismo como científico. Realmente se dedicó a la producción de productos químicos y farmacéuticos. Pero sus trabajos de meteorología y climatología (realizó el primer libro sobre climatología urbana de Londres) le valieron para conseguir el reconocimiento nacional e internacional en el mundo científico, obteniendo varios premios.

Portada del libro que Luke Howard publicó: On the Modifications of Clouds

Luke Howard llamó a las nubes abultadas, que aparecen como amontonadas e hinchadas, cúmulus que significa montón. Las nubes que tienen forma de cúmulus se les denomino también como cumuliforme: con forma de montón.

A las nubes en capas se les denomino stratus que significa capa.
A las nubes en forma de mechón de pelo las denominó cirrus.
A las nubes cargadas de lluvias las denominó nimbus.

Dibujos de la nubes observadas por Howard. A la derecha se observan nubes cumuliformes en diferentes desarrollos. A la izquierda diferentes nubes, desde cirros hasta nubes estratiformes.

Lo mejor de la clasificación de Luke Howard es que se podía combinar los nombres para expresar otros tipos de nubes más complejas: cirrus cúmulus, cirrus stratus, nimbus stratus… El sistema de Howard perdura hoy en día con leves modificaciones.

Otros nombres o clasificaciones se han hecho basándose en la altura de las nubes: altas, medias y bajas. En la terminología actual cirrus es sinónimo de nubes altas, stratus y cúmulo lo son de nubes bajas. El prefijo de “alto” indica nube de tipo medio, el cual se antepone a stratus y cúmulos. Un caso especial lo constituyen los cumulonimbus, que ocupan grandes porciones en la vertical de la troposfera.

Distinciones más precisas

Otro elemento importante en el sistema de Howard es que permite la distinción y descripción de nubes sin más que añadir otros vocablos de origen latino. Las adjetivaciones que pueden acompañar a la nube básica también son muy empleadas a nivel técnico.

Si nos centramos en los cúmulos tendremos algunas de las variedades más comunes:

  • Humilis que es sinónimo de pequeño, humilde, baja o cerca del suelo
  • Mediocris, de tamaño medio o normal
  • Congestus, de gran desarrollo, hinchado, apilado acumulado

Para las nubes medias y altas tenemos los:

  • Ondulatus o undulatus, que presentan ondulaciones
  • Castellatus, que recuerdan a torrecillas con almenas
  • Lenticularis, con forma de lenteja o de lente
  • Flocus, aspecto de copos

Por último para los cirros, tenemos:

  • Fibratus, formas sedosas o de hebra, fibra
  • Uncinos, que recuerdan a ganchos, ganchudo o encorvado
  • Spissatus, densos y que espesan el ciel

La complejidad en el nombre de las nubes esta asociada a la infinidad de formas y tamaños que pueden adquirir, pudiendo variar de un tipo de nubes a otras. La etimología de los nombres latinos ha aumentado con el tiempo. La clasificación oficial de nubes distingue géneros, especies, variedades, etc. No entraremos en ella pues queda fuera de los límites de este artículo. Aquí tienes un resumen de ellas.

(Imagen sacada del foro de Meteored.com y enviada por nambroque)

Posteriormente, han aparecidos otros nombres no latinos que indican el origen de la nube: cúmulos orográficos, pirocúmulos, etc.

Antes de Howard

No creamos que anteriormente no se hicieron clasificaciones nubosas. El cielo y sus formas blancas suspendidas en él fueron observados con anterioridad. Los primeros trabajos serios para nombrar a la gran variedad de nubes fueron hechos por J. B. Lamarck en 1801, pero desgraciadamente usó nombres y términos franceses. Su uso no fue reconocido por la comunidad científica. Su libro se publicó en 1802:

Sur la forme des nuages. Annuarie Météorologique pour l’an X de la République Francaise, Nº 3, Paris 1802, pp. 149-164.

Los nombres y los calificativos latinos de las nubes no proceden de la época de los romanos, lo hace de fechas recientes cuando el latín era considerado como lengua de eruditos.

Referencias.

Atlas internacional de nubes. Volumen I. Manual de observación de nubes y otros meteoros. OMM Nº 407. Organización Meteorológica Mundial. 1993.

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