Joan Pardo Gil

Vida profesional

 

 

Redacción de la revista Penell

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Nota de la RAM. El ACOM y la RAM quieren dedicarle un homenaje más a Joan Pardo, que recientemente nos ha dejado. Ya el ACOM, en su revista Penell, le dedicó líneas y líneas al que fuera su primer presidente. Aquí recogemos algunas notas sobre su persona.

Joan Pardo Gil nace el día 9 de septiembre del año 1922, en la ciudad de Barcelona.

En octubre de 1938, en plena guerra civil, ingresa como informador militar de meteorología, de forma provisional, en el Ejército del Aire español. Un año más tarde, en junio de 1939, se diploma en meteorología en el primer curso de transformación de especialistas de la Academia General del Aire, en León, siendo el número 14 de 230 alumnos. En octubre de aquel 1939 es destinado al observatorio de montaña del Turó de l’Home (en la cima del Montseny, a 1714 metros de altura), que estaba cerrado desde el final de la Guerra. En colaboración con el ayudante de meteorología, Oriol de Sentmenat, ponen en funcionamiento el observatorio, integrándolo en la red internacional de meteorología. Se queda en el Turó de l’Home hasta octubre de 1944, año en el que le destinan al Valle de Arán (en el Pirineo de Lleida) donde organiza la red termopluviométrica de la Productora de Fuerzas Motrices del valle.

En 1946 le envían al Centro Meteorológico del Pirineo Oriental, situado en Barcelona, donde trabaja confeccionando mapas sinópticos, climáticos, resúmenes meteorológicos, sondeos aerológicos, emisiones de radio y observaciones diarias.

Entre 1947 y 1949 participa en el programa de lluvia artificial, mediante la siembra con nieve carbónica y yoduro de plata desde aviones y con resultados, según comentaba, muy interesantes.

Organiza la estación termopluviométrica del Valle de Núria, por encargo de los Ferrocarriles de Grandes Pendientes (Cremallera de Núria). Y pone también en marcha el observatorio de la Mola, en la Sierra de Sant Llorenç del Munt i l’Obac.

Durante todos estos años también da servicio a los aeropuertos del Prat y Reus, colabora en los primeros estudios sobre polución atmosférica de Barcelona, así como en los primeros ensayos sobre energía eólica.

De junio a septiembre de 1950 está destinado en La Molina, para poner en funcionamiento el observatorio que aun hoy funciona. Se queda hasta 1959 y en todo este tiempo participa en programas de investigación, como la captación de rayos cósmicos o las pruebas de inhibición con quemadores de carbono activado y yoduro de plata.

En el año 1959 participa en el Año polar, desarrollado por la OMM, en calidad de observador meteorológico (y cocinero) en una base chilena de la Antártida.

Entre 1961 y 1963 vuelve a Barcelona, al Centro Meteorológico del Pirineo Oriental, y en 1964 es trasladado a Zaragoza. Mas tarde, en 1965, pasa a la escala de Personal Técnico del Ejército del Aire.

Entre 1965 y 1979 también realiza diversas actividades civiles: redactor de La Vanguardia, ejerciendo como periodista y articulista de la sección del tiempo. Aquel mismo año 79 es destinado como observador al Observatorio Fabra de Barcelona.

En 1987 se jubila (“licenciado por edad”) y pasa a la reserva aérea. Sin embargo no cesa aquí su intensa labor de divulgación de la meteorología: Seguía colaborando con el Observatorio Fabra y el Museo de la Ciencia de Barcelona, funda en 1995 la Associació Catalana d’Observadors Meteorológics, y recibe ya numerosos reconocimientos a su dilatada carrera profesional, el diploma del INM, la placa Narcís Monturiol (colectiva con el Fabra) y la Mariano Medina.

Finalmente nos deja en julio de 2004 sin su presencia, pero con una gran cantidad de labor meteorológica realizada y con importantes series que proseguir.

LA ACTIVIDAD DE JOAN PARDO

EN EL OBSERVATORIO FABRA DE BARCELONA

Antonio Gázquez Picón
Colaborador de la Sección Meteorológica y Sísmica del Observatorio Fabra

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A la hora de plantear algunas palabras escritas sobre la actividad de Joan Pardo en el Observatorio Fabra, el cronista no puede abstraerse de caer a menudo en vivencias personales que interfieren en la estricta y estructurada crónica. El primer detalle (y se ruega la licencia del lector) es que a partir de ahora nos referiremos al compañero desaparecido designándolo como el Sr. Pardo, pues dos décadas de compartir tareas, conversaciones y complicidad son insalvables en el intento de mantener un tono neutro.

Las observaciones meteorológicas en el Fabra

El Sr. Pardo inició su labor en el Fabra (segunda licencia de estilo al no citar la palabra observatorio) a finales de los años setenta, cuando sólo se hacía una observación meteorológica completa diaria, a las 8 de la mañana (hora solar), aunque los registros gráficos permitían mantener un historial de sucesos meteorológicos sin interrupciones.
Con su presencia y empeño, el trabajo incansable del Sr. Joan Blanch, las ganas de un joven recién llegado que firma estas líneas y con el sentido común y honradez del conserje, Sr. Enric Santamaría (quien desgraciadamente también nos dejó el año pasado), el año 82 comenzaron a realizarse tres observaciones completas, a las 7, 13 y 18 horas solares, tal y como expresa la normativa de la OMM, para así volver a ser un observatorio de primera categoría (clasificación que nunca se debería haber abandonado).

Las relaciones directas con los estamentos oficiales (INM) tanto del Sr. Blanch, como del Sr. Pardo, consiguieron que en este periodo de resurgimiento de primeros de los ochenta, el INM dotara de nuevos aparatos registradores de todas las variables, consiguiendo de este modo la tan necesaria y urgente modernización del instrumental.

El Fabra servicio público

El Sr. Pardo acostumbraba a subir después de la primera hora de la mañana al Fabra. Los atascos de tráfico a la entrada de los colegios de la parte alta de Barcelona eran demasiada carga y una perdida de tiempo insoportable para alguien a quien le era imposible estarse quieto.

Desde ese instante y hasta una hora incierta de la noche – la familia era la principal damnificada– la maquinaria más rápida e inagotable de información meteorológica y ciencias afines se ponía en marcha para cualquier consulta, ya sea por teléfono, en directo o vía radio. Una simple pregunta o aclaración originaba una disertación que no sólo incluía la respuesta requerida, sino que también daba pie a la anécdota inolvidable y a un aspecto que iba intrínsecamente ligado a aquella hiperactividad: la pasión.

Pasión absoluta por la palabra, la conversación y por aclarar absolutamente todo. Pasión que contagiaba sobretodo a gente de varias generaciones posteriores que eran espectadores sorprendidos, encantados, abrumados e incluso atónitos de la inagotable capacidad de comunicación de un señor de muchos años que parecía alimentado por alguna fuente de energía desconocida.

Las visitas al Fabra

Quienes conocieron en persona al Sr. Pardo saben perfectamente que se encontraba en su salsa atendiendo las visitas que venían al Fabra: a los niños, niñas, chicos y chicas de les escuelas, a los casales de la 3ºª edad y a todos los que comenzaron a venir los días festivos cuando el observatorio abrió en al año 93 sin necesidad de reserva previa, actividad la cual se debe a su insistencia.

Las visitas que realizaba el Sr. Pardo tenían una hora de comienzo, pero resultaba difícil saber cuando acabarían, por mucho que el horario fuera limitado. Recordábamos con un compañero, un día en el que a las 4 de la tarde, todavía se encontraban haciendo preguntas los integrantes de un grupo cuya visita había acabado a las 2, siempre recibiendo respuestas detalladas y !sin haber comido nadie!.

El resto de compañeros que realizábamos aquellas visitas sabíamos que no podíamos competir con su elocuencia. El número de visitantes de cada uno demostraba que el boca a boca funcionaba a la perfección.

Cuando el Sr. Pardo comunicó a finales de octubre de 2000 que dejaba el Fabra porque “le tocaba”, nos costó entenderlo, ¿Cómo podía ser que alguien que desplegaba más actividad que nosotros dijera que “le tocaba”? La realidad era que tenía casi ochenta años.

Aunque dijo que el 31 de octubre sería su último día, aún me hizo el gran favor de hacerme la tarea del 1 de noviembre como último detalle.

Gracias por todo, Sr. Pardo.

 

UN HOMBRE VITAL

EN MEMÓRIA DE JOAN PARDO GIL

Hug Teixidó

Ex-secretario General de la Asociación Catalana de Observadores Meteorológicos (ACOM)

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No pretendo hacer un resumen biográfico del extenso currículum meteorológico de nuestro primer Presidente el Sr. Joan Pardo, que murió después de una larga enfermedad hace unos meses. Únicamente diré que la visión de una aurora boreal en Barcelona cuando tenía unos 15 años fue la culpable de su interés por la meteorología. El quedó impresionado ante aquel espectáculo visual. Pero en aquel momento aún no sabía que lo que observó poco tenía que ver con la meteorología.

No recuerdo con exactitud el año en que tuve la suerte de conocer al Sr. Pardo. Creo que era en 1985 durante una conversación entre radioaficionados; yo era aficionado a la meteorología y me invitó a visitar el Observatorio Fabra. No era la primera vez visitaba el centenario observatorio. La primera fue en el año 1971 cuando tenía 12 años, con el Centro Excursionista de Rubí. Meteorología y excursionismo van cogidos de la mano. Recuerdo una visita muy especial que realicé junto con mi buen amigo y socio fundador de la ACOM, Miquel Duran de Inca, en octubre de 1992. La acogida que nos hizo el Sr. Pardo fue magnífica.

En el año 1994 se me ocurrió hacer una exposición en Rubí de mapas de previsión en formato radiofacsímil e imágenes de satélites polares y geoestacionarios, ya que tenía los equipos de recepción de este tipo de imágenes y mapas. La idea inicial era modesta: las fotos y mapas estarían acompañados del poco instrumental que tenía, básicamente una estación automática, un pluviómetro y unos termómetros. Comenté la idea a tres buenos colegas de afición meteorológica: Joan Pardo, Ramón Baylina de Sort y a Miquel Duran de Inca (Baleares). Ellos me animaron y ayudaron a que la pequeña idea inicial creciera. Gracias a los tres se me abrieron muchas puertas, ya que a mi no me conocía nadie del mundo de la meteorología oficial. Yo era entonces un aficionado desconocido. En febrero de 1995 se hizo la exposición y fue un éxito. El INM colaboró enormemente y junto a la presencia de conferenciantes de TV3, hizo que la exposición fuera visitada por muchos aficionados a la meteorología de todos los rincones de Cataluña. Uno de ellos fue Gabriel Marqués (Sabadell). El me habló de la idea de crear una asociación de observadores. Fue unas semanas antes, durante la tertulia entre algunos de los asistentes al piscolabis de la visita a TV3 de los colaboradores habituales del espacio El temps (El tiempo). Aquel grupo de observadores pensó que seria interesante crear una asociación formada por aficionados a la meteorología. Los inicios de la ACOM fueron muy difíciles ya que inmediatamente levantó recelos en algunas de las instituciones vinculadas a la meteorología catalana. En estos momentos complicados, pensamos que Joan Pardo sería nuestro presidente ideal.

Él era una persona muy apreciada y respetada en el mundo de la meteorología. El Sr. Pardo ayudaría a disipar los miedos que originaba en algunas instituciones la creación de una asociación de observadores y así también nos abriría muchas puertas, como así fue.

A mi me tocó convencer al Sr. Pardo para que aceptara ser nuestro presidente, me costó un poco pero al final lo hizo. La ACOM nació oficialmente en el salón de actos del Observatorio Fabra y la sede oficial estuvo durante unos años en Rubí, en mi casa. Al final todo fue bien y el Sr. Pardo respiró tranquilo.

De las muchas llamadas que recibí siendo secretario general de la ACOM, hay una que refleja muy bien el espíritu de nuestra asociación. Una voz femenina me llamó a casa y me dijo:”Perdone si le molesto, no se donde llamo. Mi hijo de 12 años es muy aficionado a la meteorología, en una visita al Observatorio Fabra el Sr. Pardo me ha dado su teléfono”. Aquel niño ahora estudia ciencias Físicas, le va bastante bien y es miembro de la actual junta de la ACOM, es Eloi Cordomí, y el resto de su familia también son socios.

El Sr. Joan Pardo era un hombre de espíritu juvenil, educado, experimentado meteorólogo, buen conferenciante y gran conversador. Pero lo más importante era que dentro de aquel hombre menudo había una gran persona. Con más de 73 años asistía a muchas de las reuniones de la junta.

No paraba de hacer cosas, algunas sorprendentes para la edad, como lanzarse en paracaídas a los 74 años.

Me vienen a la memoria algunas de las reuniones de la junta que habíamos realizado en el Fabra. Al acabar, si el tiempo lo permitía, tomábamos una cerveza en el exterior de la cúpula. Teníamos una espectacular vista de Barcelona iluminada a nuestros pies i al Sr. Pardo al lado, explicándonos su siempre divertido e interesante anecdotario personal. Hay momentos en la vida que son un regalo y que no se pueden comprar ni con dinero, y aquellos lo eran.

Adiós Joan. Siempre estaré en deuda contigo.


Las distancias siderales
Joan Pardo Gil (1922-2004)

Nota de la RAM. Hemos incluido al final de este reportaje uno de los trabajos no meteorológicos de Joan Pardo, para mostraros sus conocimientos, su capacidad y dotes de comunicador y divulgador. En este caso, el reportaje que mostramos es un tema astronómico.

Queremos también agradecer al ACOM su iniciativa de enviarnos a la RAM una semblanza de esta persona y algunas notas más sobre su vida y obra.

En primer lugar hay que pedir al lector que tenga la benevolencia de considerar estas líneas como una simple exposición de cómo pueden ser las distancias y velocidades siderales. Mejor dicho, voy a intentar exponer de forma sencilla y práctica, algo que por sabido pienso que no esta suficientemente valorado. Tener otra pretensión por parte de quien escribe no seria responsable. Uno sabe lo que sabe. Y la astronomía es una ciencia tan compleja que posiblemente todos los conocimientos nunca serán suficientes.

El siderio

El espacio sideral, si nos paramos a pensar, es algo difícil de entender. Palabras como universo, galaxias, sistemas solares, agujeros negros, big-bang, estrellas enanas, blancas, rojas, azules y muchas otras forman parte del léxico astronómico, una ciencia apasionante para el hombre desde siempre.

El universo dicen que es infinito, acepción que deberíamos tener muy en cuenta. La palabra infinito es de difícil entender, filosóficamente hablando. En general todo lo que nos rodea a los seres humanos es finito. Nacemos y morimos, vamos y llegamos, se hace de día y de noche. Todo empieza y acaba.

Pero el universo no se acaba nunca, no tiene límites, tal y como los entendemos los humanos. Es algo que se escapa a cualquier concepto terrenal; una cosa que no se acaba nunca podemos aceptarla, pero nos resulta difícil de asumirla en nuestra realidad.

Las distancias siderales

En el universo todo está muy lejos a escala humana. Las estrellas, las galaxias y todo lo que forma parte de este cosmos. Imaginad una cosa en el espacio, muy lejos, pues aun hay cosas mucho más lejanas. El universo no se acaba nunca. A partir de esta reflexión podemos intentar determinar y medir estas distancias. Como se sabe, las distancias siderales se miden con el llamado año luz. Es el resultado de multiplicar la velocidad de la luz (299.792 km/s) por los segundos que tiene un año (31.536.000). Hecha esta simple multiplicación tenemos que el año luz equivale a 9.4 billones de kilómetros aproximadamente. Y los astrónomos nos hablan de 100.000 millones de años luz, que debe ser muy lejos. ¡Pero aun hay cosas más lejos!

Personalmente se me hace difícil valorar 9.4 billones de años luz en toda su magnitud. A partir de los 500.000 millones de la Primitiva, mi capacidad de cálculo no llega a más. Tengo un amigo alemán que me decía: “El castellano es un idioma muy difícil de aprender. Ejemplo: lejos, muy lejos, ¡en el quinto pino!”. Pues bien, un año luz está mucho mas lejos que en el quinto pino.

Toda esta confusión de las distancias siderales me lleva a la conclusión de que algunas de las estrellas que la próxima noche podremos ver desde nuestra casa ya no existen en su distante origen. La estrella en cuestión se apagó, pero su luz aun esta llegando a la Tierra. Pero también sucede a la inversa. Hay estrellas que están brillando en el Universo y su luz, que está viajando a unos 300.000km/s hacia nosotros, aún no la vemos y llegará pasado mañana, el mes que viene, el próximo siglo (muchos ya no estaremos) o dentro de 2000 millones de años (de los nuestros). Es el caso de la Galaxia de Andrómeda, que en el caso de que hoy se apagara, desde la Tierra aun la veríamos brillar durante 2000 millones de años terrestres.

Velocidades astronómicas

Normalmente poco o nunca nos hemos parado a pensar en las velocidades a las que se mueven el espacio sideral y los cuerpos que forman parte de él. Son velocidades de giro y traslación realmente escalofriantes. Por poner un ejemplo, la Tierra tiene dos movimientos muy conocidos: el de rotación (giro sobre su propio eje con una duración de 24 horas) y el de traslación (la vuelta al sol de 365 días = un año terrestre). Pues hay que pensar que en el movimiento de rotación, la tierra gira aproximadamente en el ecuador a 1600 km/h, y en Barcelona a 1290 km/h. Este movimiento de rotación hace que el Sol, que teóricamente está quieto, salga por el Este o levante y caiga por el Oeste o poniente, con 12 horas de día y 20 de noche en términos generales.

En cuanto a la velocidad de traslación, es de 108.000 km/h, lo que ocasiona las estaciones del año. Por cierto, que en verano es cuando estamos más lejos del Sol, y en invierno más cerca, todo un contrasentido.

Si valoramos los 1290 km/h de Barcelona, por rotación, y los comparamos con la velocidad de nuestros automóviles que a 150 km/h ya es mucho correr, quedaremos impresionados por estas velocidades siderales.

Otro ejemplo podrían ser los asteroides y cometas que viajan a poco más de 1000 km/s (referencia: nuestros aviones a reacción vuelan a poco más de 1000 km/h. ¡Incomparable!). En fin, que la Tierra no se pare durante siglos e iremos tirando.

El sistema solar

El Sol y los nueve planetas que le dan vueltas forman nuestro Sistema Solar. Podríamos preguntarnos comparativamente por sus tamaños. Un astrónomo del Observatorio Fabra, que ya no está entre nosotros, el Sr. Mundet, me explicó muy claramente, estos tamaños convirtiendo los elementos del Sistema Solar en frutas de uso habitual. Una lección que a mi me ha servido mucho por clara y simple: Mercurio (un grano de arroz), Venus (un garbanzo), la Tierra (otro garbanzo), Marte (un guisante), Júpiter (una naranja grande), Saturno (una manzana), Urano (una ciruela), Neptuno (una ciruela pequeña) y Plutón (otro grano de arroz).

Toda esta macedonia de frutas cotidianas nos da una muy simple referencia de los tamaños de todo el sistema solar. Seguramente puede parecer infantil pero a mi me ha sido muy útil a mi nivel de astronomía, una ciencia tan exacta que muy pocos dominan ampliamente.

Un pensamiento en “Joan Pardo Gil

  1. MAITE RAMONEDA

    YO ERA MUY PEQUEÑA PERO RECUERDO HABER VISTO UNA AURORA BOREAL EN LA CARRETERA QUE VA DE SENTMENAT A CALDAS DE MONTBUY. DEBIO SER MAS O MENOS EN 1950. QUISIERA QUE ALGUIEN ME CONTESTARA PORQUE ALGUNA VEZ LEI QUE ERA CIERTO Y QUE ESTE FENOMENO SE VIO POR ESAS FECHAS EN ESE LUGAR. GRACIAS.

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