El fenómeno de “El Niño” y la internacionalización de la “Ñ”

Inocencio Font Tullot (In Memoriam)
Ex Director del Servicio Meteorológico Nacional de España, hoy en día, Instituto Nacional de Meteorología

Nota de la RAM. Este ha sido uno de los artículos que nos dejó Inocencio Font antes de dejarnos para siempre. En su versión original, su autor no dejó referencia del año en que lo redactó.

En estos tiempos en que la opinión pública tan interesada se muestra por las incidencias meteorológicas y climáticas suele ocurrir que de vez en cuando algunas de estas incidencias imponga su presencia en los medios de comunicación. Así vemos como en la década de los 80, tan pródiga en eventos atmosféricos excepcionales, el "anticiclón de las Azores" y la "gota fría" fueron los dos grandes protagonistas, culpando al primero de las sequías que nos agobiaban y al segundo de las inundaciones que nos ahogaban. Circunstancias en verdad anómalas ya que normalmente el anticiclón de las Azores contribuye en buna medida a las bondades climáticas sobre las que se basa, fundamentalmente nuestra industria turística, mientras que por lo que respecta a la "gota fría" sus efectos son muy positivos en la pluviometría del conjunto del territorio nacional. Pero últimamente, cada vez está alcanzando mayor protagonismo el fenómeno atmosférico-oceánico conocido como El Niño, con la singularidad de ejercerlo en todo el mundo, no existiendo antecedentes de ningún hecho similar en lo que respecta al impacto social de los fenómenos naturales.

Auque en España la popularización de El Niño es reciente, en muchos otros países, sobre todo de la cuenca del Pacífico donde sus efectos son más aparentes, el término español de El Niño ya hace años que ha sido adoptado, sin traducir en el lenguaje corriente. Tanto es así que ya resu1ta exagerado el que se le atribuya a El Niño cualquier evento meteorológico extraordinario, bien sea por su presencia o inc1uso por su ausencia.

Resulta sorprendente que un fenómeno natural de tanta trascendencia y envergadura planetaria, se le conozca por tan pintoresca y española denominación. Su origen se remonta al siglo XVI, cuando en las regiones costeras de Ecuador y Perú se empieza a distinguir como corriente de1 Niño Dios al flujo de aguas calientes ecuatoriales que sustituye al de las aguas frías de la corriente de Humboldt, que baña la costa occidental de América del Sur, cuando siguiendo al ritmo de las estaciones, dichas corrientes inician su retroceso hacia el sur, lo que normalmente tiene lugar a principios del verano austral, coincidiendo precisamente con el tiempo de la Navidad.

Ocasionalmente, se producen en dichas regiones un fenómeno similar pero de intensidad y duración mucho mayores, e incluso en distintas épocas del año, cuyos efectos más notorios se dejan sentir en el mar con la desaparición temporal de los ricos bancos de peces, y en tierra por la intensificación y expansión de las lluvias, lo que, con la salvedad de excepcionales inundaciones, suele resultar muy beneficio llegando a llover incluso en zonas desérticas de Perú.

Tanto es así, que algunos historiadores sostienen que cuando la conquista del Perú, las lluvias en una situación semejante fueron el mejor aliado de Pizarro. Pero, no es hasta entrado ya en este siglo, cuando se pone en evidencia que no se trataba de un fenómeno regional sino de las consecuencias en las aguas sudamericanas de importantísimas oscilaciones térmicas en la superficie del área tropical del océano Pacífico con las correspondientes manifestaciones en el campo de la presión atmosférica, en el régimen de los vientos alisios y en el sistema de las corrientes marinas, constituyendo el ejemplo más importante de los estudios hasta ahora en relación con el acoplamiento termodinámico atmósfera-océano.

Generalmente, el área de bajas presiones se presenta situada sobre Australia e Indonesia, coincidiendo con el área de aguas más calientes acompañada de grandes sistemas convectivos y lluvias torrenciales. Pero, ocasionalmente, este estado “normal” experimenta alteraciones radicales, desplazándose hacia el Pacifico central el área de bajas presiones, mientras las aguas calientes se expanden hacia el este hasta alcanzar las costas americanas dando lugar al inicio de una de dichas situaciones excepcional es de El Niño. Lo que,, curiosamente, ha motivado que la expresión de El Niño, perdida su divinidad, se aplique generalmente a las mencionadas anomalías del Pacífico tropical, habiéndose relegado al olvido su significado original.

La trascendencia de este Niño engreído, no queda limitada a los países de la Cuenca del Pacífico, directamente afectados, ya que su alcance es prácticamente planetario. Lo cual no es de extrañar habida cuenta que los sistemas convectivos del Pacífico tropical constituyen figurativamente el motor térmico más importante entre todos los que contribuyen al mantenimiento de la circulación general de la atmósfera. Por lo tanto, las tremendas modificaciones que sufre dicho motor durante los eventos de El Niño, en potencia, rendimiento y situación geográfica, tienen que repercutir necesariamente en el comportamiento de la circulación general, y por ende, en mayor o menor grado en el clima de cualquier país.

De hecho, el fenómeno de El Niño ocupa ya un lugar preferente en los centros de investigación atmosférica más prestigiosos del mundo en sus programas concernientes al cambio climático y la predicción a largo plazo, habiéndose obtenido resultados exitosos en algunos de los países de la cuenca del Pacífico, y mucho menos prometedores en el resto de los países.

Respecto a España los trabajos realizados son relativamente abundantes, la mayoría de carácter estadístico, con interesantes resultados. No obstante, en lo que concierne a la predicción a largo plazo (de un mes a un año), al igual que la mayoría de los países, las conclusiones son, operativamente muy pobres, limitándose a poner evidencia que los periodos de sequía son más frecuentes durante la presencia de El Niño, que en sus ausencia, ocurriendo lo contrario respecto a los periodos lluviosos. Lo que precisamente en el actual año hidrológico no se ha cumplido, ya que a pesar de la marcada ausencia de El Niño, el año se está perfilando como el más seco de los últimos cuarenta años.

Confiemos que en esta labor investigadora España sepa estar a la altura de las circunstancias, no solo por tratarse de uno de los países donde los efectos de la variabilidad climática son más adversos, sino también por el hecho de haberse adoptad un "termino tan castizamente español como El Niño para designar un fenómeno natural de indiscutible trascendencia climática. Lo que por añadidura ha dado lugar a que en la más reciente e importante bibliografía extranjera, relativa a este tema, la antigua expresión de "El Nino” haya sido suplantada por la de "El Niño", con el inesperado y bienvenido resultado de que nuestra entrañable letra Ñ haya adquirido carta de naturaleza internacional.

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